Como la casa ha estado llena de soledad
Con 24 años me siento un tipo normal, la percepción de mi entorno es
incierto y el contexto de esta ciudad hace que los días sean fáciles poco a
poco... los demás me dicen que me veo triste, que medito mucho y que me hace
falta expresar mis sentimientos...
He vuelto de la calle, el gato en la entrada se molesta y maúlla con mi
saludo, interrumpe mis cavilaciones... ¡ya llegué madre! ¿qué hay de cenar? Digo
con el habitual tono al hablar.
He optado por caminar, hacia el trabajo -la distancia es larga;
pronuncio cada que inicio el trayecto. La rutina abarca el habitual bullicio de
la calle, las pláticas breves entre amigos en redes sociales, la cafetería de los
padres de mi novia es la parada obligatoria en la mañana y al anochecer, porque
es el único lugar donde encuentro buen café.
En los últimos meses han sido frecuentes las visitas a casa por parte de
mi padre y demás familia; soy un mal anfitrión, no formo equipo en los juegos
de mesa, en las pláticas me limito al “si” y al “no” y cuando hace falta
pregunto ¿qué haría usted en mi lugar?
Otro día más en casa que no importa porque me da igual, todas las noches
en casa son iguales con mis habituales visitantes, y transcurren entre
bullicio, juegos, risas, platicas de diversos temas y mi vocabulario es “si”,
“no”, ¿qué haría usted en mi lugar? en consecuencia recibo discursos por
respuesta. Como extraño la soledad, ahora que la casa ha estado llena.
Me he convertido en una persona con aparente depresión que da consejos
de felicidad, como si la recuperación de los demás dependiera de quien recupera
el buen estado de ánimo en soledad.
Un día más - ¡Buenos días madre! ¿voy al trabajo, quieres que te traiga
algo de la calle?
Mi novia se esmera cada fin de semana en no llorar, en hacerme reír, en
cocinar, cantar y bailar... ¡la amo! Definitivamente la amo...
¡Madre! ¡madre! ¡madre! Traje las flores para tu jardín... y esta vez
traje rosas de colores para ti.
Traje rosas para ti...
Traje flores para ti...
Te extraño madre... no puedo seguir así, me haces tanta falta... -traje
las flores que te gustan... no he dejado de nombrarte en las mañanas antes de
salir y al regresar por las noches... mis lágrimas ante el dolor de tu
partida... ¡madre, que será de mi vida sin ti! (aprendí a odiar a la muerte).
Guille Cifuentes.

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